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Entrevistas
02/04/2005
Entrevista ao jornal
espanhol El País: "Las próximas elecciones no impiden seguir con las
reformas"
Ernesto Ekaizer -
Madrid
Antonio Palocci, de profesión
médico, apareció en las pantallas de la televisión brasileña el pasado 29 de
marzo. Palocci, de 45 años, dijo que hablaba en nombre del presidente
brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva. Y anunció: "Brasil no va a
necesitar un nuevo acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI) por muchos
años". Concluían así siete años de relación financiera, cuando el
Gobierno de Fernando Henrique Cardoso tuvo que solicitar el apoyo financiero del
FMI para conjurar la crisis.
Palocci ha sido trotskista y ha colaborado en la formación
del Partido de los Trabajadores, la organización que catapultó a Lula al
Gobierno. Es un hombre tranquilo al que hay que frenar cuando empieza a recitar
cifras. Palocci recibió a EL PAÍS el pasado viernes, cuando expiraba el
acuerdo con el FMI.
Pregunta. ¿Ha sido bien acogido en Brasil el hecho de no
pedir nuevos apoyos al FMI?
Respuesta. Nosotros ya habíamos decidido, hace 15 meses, al
suscribir la prórroga del acuerdo firmado en 2002, que sería el último. El
apoyo crediticio iniciado hace siete años debía concluir. La decisión fue muy
bien acogida por el FMI y por el pueblo.
P. El director gerente del Fondo, Rodrigo Rato, ha hecho
público un comunicado esta semana que destaca que Brasil ha superado los
objetivos comprometidos. No ha habido muchos precedentes de este tipo de
declaración.
R. Ha sido un pronunciamiento muy positivo al reconocer los
grandes resultados. La relación con el Fondo ha dado resultados muy buenos. En
dos años y tres meses de mandato, Lula ha cumplido sus compromisos. Hemos hecho
un gran esfuerzo por poner las bases de una estabilidad económica. Lula ha
apostado por un programa eficiente de promoción social y de fortalecimiento del
país a través del desarrollo con inclusión social. La brasileña es una vía
diferente para un país con una gran presencia en el mercado mundial, pero con
muchas desigualdades.
Las conquistas son bastante evidentes: hemos logrado
controlar la inflación al tiempo que empezamos a sanear las finanzas públicas,
con un importante superávit, y a reducir en 10 puntos la deuda en proporción
al producto interior bruto (PIB), hasta el 51,5% actual. Las cuentas exteriores
son ahora bastante sólidas.Los tres elementos -inflación, superávit fiscal y
cuentas exteriores excelentes- echan las bases para que Brasil mantenga un
crecimiento sostenido de larga duración. La media de crecimiento del PIB en
2004 fue un 3,3%, pero la expansión se está acelerando. Estamos en un camino
seguro y equilibrado.
P. El Banco Central de Brasil ha subido los tipos de
interés desde el 16%, en septiembre pasado, hasta el 19,25% este mes. ¿Acaso
la política monetaria está pidiendo ser relevada, o al menos apoyada, por
otras medidas, de carácter fiscal, a riesgo de ahogar el crecimiento?
R. La subida de tipos es un instrumento de alerta contra las
presiones inflacionistas y el banco central tiene que vigilar, máxime en un
periodo en el que comenzamos a crecer más fuerte. Dicho esto, los altos tipos
actuales suponen una caída respecto de hace dos años, cuando llegamos al
Gobierno. En 2002, el tipo básico se situaba en el 25%, y en el mercado llegaba
al 30%.
P. ¿Conocerá su país en algún momento próximo tasas
reales de interés de un solo dígito, algo insólito en Brasil?
R. Pienso que en el futuro será así. Ésa es una meta que
se puede alcanzar.
P. Brasil está a año y medio de las elecciones
presidenciales de 2006. ¿Cómo aliviar la política monetaria con otro ajuste
fiscal en una etapa preelectoral?
R. Creo que Brasil es un país bastante maduro para continuar
su esfuerzo macroeconómico y social también en el periodo electoral. Hemos
acumulado una larga experiencia electoral en la última década. No veo por qué
un proceso electoral impide tomar las medidas necesarias. Hemos visto cómo 15
días antes de unas elecciones se han subido los tipos. Brasil ha superado esta
aparente contradicción de que una campaña electoral impide hacer lo que se
debe hacer.
P. ¿No será difícil insistir en el último tramo del
mandato de Lula en nuevas políticas de ajuste? ¿No cree que el Gobierno se
verá obligado a aflojar en un tiempo más político que económico?
R. No. Los beneficios de las reformas estructurales son
percibidos por el país. Es el caso de la Seguridad Social y de los impuestos o
del crédito, o la ley de bancarrotas. El programa de reformas, pues, debe
proseguir.
P. En los mercados, empero, se percibe cierto nerviosismo.
Hay versiones, por ejemplo, que hablan de reducir con medidas prudentes los
movimientos especulativos de capitales, como hizo Chile con éxito a partir de
1991...
R. No sé de dónde surgen los rumores, pero del Gobierno,
no.
P. ¿No hay asesores del Gobierno que contemplan medidas
para estabilizar el flujo de inversiones?
R. No forma parte de nuestra receta. No es necesario el
control de los movimientos de capital para que Brasil tenga una evolución
positiva. Ya hemos conseguido reducir el peso de la deuda en dos años y vamos a
lograrlo más también en un año electoral. En un año de cierta
desaceleración, 2005, aún con el problema de los tipos de interés elevados,
vamos a crecer entre un 3,5% y 4%.
P. El Partido de los Trabajadores, su partido y el de
Lula, atraviesa un momento difícil. Acaba de perder el control de la
presidencia del Congreso de los Diputados. Hay un movimiento que critica la
postergación de las conquistas sociales a favor del ajuste macroeconómico. ¿Llevará
esto a una crisis?
R. Los ingresos per cápita han subido durante 2004 un 3,7%,
la masa salarial ha crecido, el desempleo disminuye. Y durante los primeros
meses de 2005 sigue este proceso con mayor fuerza. Los trabajadores y sus
familias se han beneficiado. Tenemos muchas cosas por hacer en sanidad,
educación y reforma agraria. Ahora bien, la pérdida de la presidencia de la
Cámara de Diputados ha sido un episodio. No lo veo como un proceso de pérdida
política.
P. ¿Qué puede decir de Venezuela?
R. Venezuela... [risas]. ¿Qué quiere saber de Venezuela?
P. El presidente Lula ha participado recientemente en la
cumbre cuatripartita en Venezuela junto con el presidente Chávez; el presidente
del Gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, y el de Colombia, Álvaro
Uribe. ¿Por qué a la Administración de Bush parece irritarle más Rodríguez
Zapatero que Lula en este asunto?
R. El presidente Lula ha hecho una actividad muy intensa de
integración de los países latinoamericanos. Visitó todos los países. Y todos
los jefes de Estado, prácticamente, vinieron a Brasil. Nuestro país está
jugando un papel en la estabilidad política y económica de la región. Y en
Venezuela, Brasil piensa que puede interpretar un papel moderador importante.
Nuestra relación con el Gobierno norteamericano tiene que ser muy equilibrada.
Tenemos varios grupos de trabajo común con la Administración de Bus.
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